Cruz de Ferro

Cruz de Ferro

001Si partimos de Astorga y una vez pasado Foncebadón se llegamos a la cumbre del Irago, en lo alto de los montes Aquilanos al paso del Camino de Santiago, divisoria de aguas del Sil y del Órbigo, a un lado la Maragatería y al otro El Bierzo a unos 1.500 metros de altitud que es el punto más alto del Camino Francés, La cruz de Ferro se encuentra en uno de los enclaves de poder más sugerentes y auténticos de la ruta jacobea, y eso a pesar de su desnuda sencillez.

Está situado entre las localidades de Foncebadón y Manjarín, pertenecientes al municipio de Santa Colomba de Somoza.

Sobre un montículo de piedras que los peregrinos van aquí depositando, se alza un tronco de roble de aproximadamente 5 metros de altura, rematado por una sencilla cruz de hierro de la que toma su nombre el monumento esta es réplica de la original conservada en el Museo de los Caminos de Astorga. En los últimos años todo el conjunto sufrió varias agresiones, siendo cortado el poste y sustraída la cruz.

En su base, con el paso de los años, se ha ido formando un montículo. Una leyenda cuenta que cuando se construyó la catedral de Santiago de Compostela se pidió a los peregrinos que contribuyeran trayendo piedra. En todo caso, la tradición es lanzar una piedra, traída del lugar de origen del peregrino, de espaldas a la cruz para simbolizar que se ha dejado atrás el puerto.

Sobre el origen de la cruz hay varias teorías: pudo ser erigida con el fin de señalar el Camino cuando las frecuentes nevadas lo ocultan de la vista. Asimismo, su origen puede encontrarse en época romana, en los hitos que marcaban la separación de dos circunscripciones territoriales, mientras que para otros se trata de un amontonamiento de guijarros, llamados Montes de Mercurio, que desde época celta erigían los caminantes en lugares estratégicos de los caminos y que luego se cristianizaron con cruces. En este caso, la costumbre se cristianizaría tras ser colocada la cruz a principios del siglo XI por Gaucelmo, abad de la alberguería de Foncebadón y Manjarín. Más adelante serían los segadores gallegos en su camino por estas tierras leonesas hacia Castilla, a donde iban a trabajar, los que continuarían con la tradición depositando una piedra a su paso, llamándolo por entonces Cruz de Ferro.

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